Subí aquella mañana de otoño al espigón de una de las
playas de la Costa Verde en mi ciudad junto a mi acostumbrado caminar... Quería
sentir la helada brisa marinera y contemplar en ese instante el vasto horizonte
que era tan lejano como la creación del cielo o tan misterioso como
se miran las estrellas juntas, en el firmamento…
Pero las olas del mar iban y venían
indiferentes porque no tenían comienzo ni final…
Pensé acerca de muchas cosas, los viajes, los amigos,
las aventuras de la juventud y no sé por qué me vino al pensamiento, una
ocasión en la que mi vida fue una vez maltratada por un desleal amigo. El me
asedió con su espada desenvainada y así como el hierro cala en las heridas, así también, fueron sus duras palabras. Luego apareció de lejos aquella niña mora y
escuché la voz ida de su engaño, así como su mentira amorosa…
En tanto, las olas del mar iban y
venían sorprendidas pues no conocían el origen del mal…
En ese entonces, se fueron las grandes ilusiones y de
esa manera sonaron los esperados tambores de guerra que inundaron y entristecieron mi alma. Ya
no existirían los sueños y las futuras promesas, ya no habría motivo el por qué
esperar esas citas de amor, porque el poeta también acabó con sus enredos. ¡Y
en grado sumo, con sus sentimientos!
Y las olas del mar iban y venían
tristes porque no sabían en qué iban a terminar…
Sin embargo, cuando recuerdo eso ahora, sé que todos
nosotros de alguna manera somos aficionados a nuestra vida corta porque no
tenemos la voluntad y el tiempo para amar y ser amados. ¿Será esta sentencia cierta?
Más pienso que esta afirmación, no debe convertirse para algunos, en un ramo
de pretextos para luego no considerar a nadie y terminar simplemente como unos
miserables. La vida es bella y por una rosa negra, no se acabarán las
estrellas…
Así iban y venían las olas, pero
estas verdades, me la dijeron las voces del mar…
Roque Puell López - Lavalle
Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=lFQY0sH1U_c

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