En el secreto de su alcoba, entre la ventana semi
abierta y el sigilo de la noche, Pablo se pudo imaginar, cómo relataba sus secretos
a Charlotte, su inolvidable amiga. De esa manera fue que vinieron a él, las
vivencias y las experiencias tristes de su vida como si le fueran dadas de
alguna manera en complicidad con alguien. ¡Qué duda cabe! Solo que esos recuerdos, parecían
juicios que esperaban una sentencia o quizás alguna penitencia impuesta en las
solitarias inmediaciones de un lejano monasterio o en los oscuros rincones de una sombría sacristía…
Así las cosas, tanto se pensaba en ese
instante y tanto se cantaba al cielo, que ella no tardó en aparecérsele frente
a él y le explicaba en esos minutos, lo que pensaba pero súbitamente intuyendo
a su amigo, le dijo:
“Abriste
tu corazón y tocaste el mío. Por momentos imaginé y sentí que tus ojos
humedecidos por la emoción y el desencanto, colmaban mi ser. Me lo decías todo,
sin embargo, no pude comprender todos los motivos de tu despecho. ¡¡Cuán
profundo son los sentimientos que te
embargan!! ¿Cómo haría ahora para ayudarte? ¿Cómo estar tranquila para decirte
siempre que no debieras de rendirte y no renunciar a tu legado? ¿Será tal vez
que me dices la verdad?”
- Pablo entonces, le habló con voz entrecortada…
-
¡¡Cuánto
hubiera querido yo que ayer fueras tú la que me abrazaras!!
Y la respuesta de Charlotte, no se dejó esperar:
“La distancia entre nosotros fue
como el inmenso mar porque nos unió y nos separó pero no obstante, nos deja hoy
concertar una verdad: Tú estabas a la par conmigo pero estábamos distantes por
el altar de los imposibles, por aquél oráculo que nunca existió más que en las
fantasías de una superchería pueblerina, en un sueño para mí imposible de
concretar pero así te fuiste pronto, sin darme ninguna justificación.”
Sus palabras fueron verdades, el cobarde fue él y así
lo reconoció. En cambio, pensó que las palabras de ella eran un manojo de
fortalezas porque eran sus sentimientos fielmente aprendidos a punta de
tristezas de repente. Pablo impertérrito la escuchaba y más aún, otras veces le
leía el pensamiento con solo mirarla a los ojos. No eran las expresiones de una
mujer henchida por la vanagloria sino las de una dama llena de la experiencia
del amor y de la que no quiere que triunfe la maldad escondida…
“Lo valiente se demuestra en la lucha”,
- le dijo sin compasión…
Pero Pablo atesoraba en su corazón hacer algo nuevo
con su azarosa vida y le respondió:
- - “Fieles
son las heridas del que ama e inoportunos son los besos en la boca pero cuando
encuentras la realidad no quieres que todo tu mundo sea echado en un canasto.
No soy el mismo y tú aclaraste mi existencia. Que si valgo tanto como me
dijiste, agradezco al cielo, a ti, ángel de la guarda que vino a llorar conmigo
en un concierto de paz cuando yo ya no tenía fuerzas. Yo así lo hice y si hoy
encontrara la llave de tu corazón, en siete candados la guardaría y le
prendiera candelas para que mi fuego nunca se apague por amor a ti…”
Los ojos de Chaelotte se abrieron asombrados pero por
fin, le dijo…
“Los
amigos son como las estrellas, que no los ves pero sabes que están allí. Yo
nunca encontré una constelación pero de repente contadas fueron las circunstancias
para buscarte y al fin te encontré en mis pensamientos y en mis oraciones,
porque sé que tú nunca te fuiste de mi lado pero ahora tengo que marcharme”
Ella desapareció como por encanto y lo dejó a Pablo
sin palabras….
Reaccionando rápidamente, se dio cuenta que todo lo dicho inexplicablemente era cierto pero allí estaba Mariela, aquella del bello semblante, la mujer que su alma se identificaba con él, la del hablar sencillo y sincero que llegó a su corazón y que lo partió en dos. Se dio cuenta que la quería en secreto pero nunca se animó a decirle nada, quizá porque había sufrido mucho o tal vez que no quería recibir una respuesta negativa a su corazón. Y ahora que se fue, ¡Quién sabe si la volvería a ver otra vez!
Extrañamente, Pablo nunca supo si era una realidad lo
que había experimentado o era otra vez
la creatividad de su propia imaginación.
Sin embargo, dijo entonces resignado y apocado en sus emociones, estas
breves palabras:
- - “Lo
real es que yo no me di cuenta ni de la hora, ni de los minutos avanzados de la
noche y ni siquiera sé que todo lo que viví fue un sueño o una realidad, yo solamente supe en ese
momento, que le di mi confesión”.
Roque Puell López - Lavalle
Click: https://www.youtube.com/watch?v=fHwadb-DvVc

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