No hace mucho que nos vimos. Si parece ayer que nos saludábamos porque siempre había entre sus documentos, algunos más para darnos una ayuda entre sus sonrisas cómplices y complacientes. Así era Manuel, estudioso de la realidad nacional del educando, aquél que vertía experiencias propias de un maestro de la conciencia humana, aquel que nos hacía recuperar las notas los días sábados y él que era de los mejores exponentes en el aula.
Se fue el Director de mi colegio. Mi profe, mi amigo,
mi padre, docente de docentes, hace pocos días viajó a la eternidad. Nos
conoció de niños, algunos desde los once años y otros más pero nunca dejó de
ser el mismo, el entusiasmo viviente y la enseñanza apreciada de un padre, para orientarnos en la adversidad.
Cuando fuimos a verlo, yacía en su lecho de cómodos
almohadones y de plumas retocadas. Era su lugar de sueños en su mirada
serena, pensativa y al parecer, dormido. Nos decía en silencio un hasta pronto que ni la propia muerte le pudo
arrancar por esa tranquilidad que su mirada expresaba. Fue todo un sentir de los
asistentes, padres y alumnos, un binomio de sus más arraigados deseos.
Más de una lágrima y cánticos se mostraron entre los que los que asistimos a su despedida.
La misa del cuerpo presente cumplía su cometido desde
los que fuimos fundadores hasta las promociones más recientes. Es que no se
puede olvidar a alguien que fue siempre nuestro maestro, al que ahora se
encuentra distante. Recordamos las miles de anécdotas que se dieron en nuestro
tiempo. ¿Cuántos fuimos retados a ser diferentes en un tiempo cuando se
comenzaban a despertar a las luchas sociales en un país tan diverso?
Pero así aprendimos, así quedó su enseñanza y orientación entre nosotros, el alma
diligente del ejemplo y la perseverancia para no desmayar en la vida. Y esta
era su mística de formar valientes, esta era la forma de trasmitir el espíritu
de soldados consecuentes. Por ello el gran homenaje de nosotros y de muchas
promociones que vendrán en el futuro. Su recuerdo será imborrable.
Lástima que se fue, todos
recordaremos su entrega y su conciencia impartida para ser los mejores
ciudadanos. Yo sé que partiremos alguna vez, ¿Alguien sabe por ventura la hora
cuándo vendrá el encuentro con la verdad? No, nadie, pero yo solamente entiendo
que hay que estar preparados como “Piquito”
nos enseñó y que quizá nos saludemos otra vez con un gran abrazo, pero en el más allá…
Roque Puell López - Lavalle
Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=o18xGqrzxhs

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