La santa despedida estaba en armonía con la música y
los cánticos a la Deidad. Las voces del coro producían en nosotros el mover de
nuestras emociones y los instrumentos musicales, nos permitían elevar nuestras
alabanzas. Experimentábamos los allí presentes de algún modo, nuestros
sentimientos porque se respiraba un aire sublime, angelical, pues la liturgia
era sencilla y profunda, como quizá sea el mundo en la eternidad…
Estaba emocionado porque era el recuerdo de tu
partida, te habías marchado hacía muy poco, era el viaje maravilloso y obligado de un hasta pronto porque en algún día señalado, nosotros también
tendremos que partir. El encuentro sería inexplicable, quizá el abrazo será
innecesario, habrán preguntas o de repente, llegaré para un
saludo cordial...
Me pregunto si tendrías una respuesta pues sé de antemano que nuestro cuerpo será totalmente
transformado y de seguro, se te verá de un mejor semblante. Por ello me animo a
contarte mis ocurrencias, como en el pasado, como cuando conversábamos de
muchas cosas, en el atrio de la Universidad…
Le decía a una amiga, que lo que no ves, lo sientes,
lo que no tienes lo crees y las experiencias todavía guardadas en nuestro
corazón, la viviremos pero en otra realidad. Le explicaba que lo que nos tiene
aquí es la esperanza, aquella que recurrimos al final, cuando todo está perdido
y vamos hacia ella sabiendo que todo será distinto. Y si miramos alrededor
nuestro, nos daremos cuenta que tenemos una realidad que se experimenta con
intensidad o con indiferencia, pero esta actitud, es propia de las mentes sin
ningún apego al más allá. Por ello pienso que no vale la pena irse de este
mundo cuando se puede luchar todavía, que yo no podría renunciar a mis sueños
si aún estoy completo y que la sangre que corre por mis venas me reclama un
sentir distinto. No hay que claudicar ante los retos y a las posibilidades
que tenemos al frente de nuestros ojos
pero debemos ser conscientes también que la vida es efímera debiendo prepáranos
entonces, para la despedida final.
No es que uno debe ser positivo como nos dicen, sino
realistas porque sabemos quiénes somos, qué es lo que tenemos y cómo nos encontramos
para poder continuar adelante, pase lo que pase. Debemos entender que no somos
ángeles para no dormir, ni espíritus para no sentir. ¿Verdad? El recuerdo es
imborrable, la ilusión es el presente, el deseo es un cumplido y mi corazón será el mismo otra vez. Lo demás no importa porque todavía respiro, todavía soy el
amigo y todavía me daría la talla de ser temperamental. ¡Qué pretensión!
Pero… ¿Y si así no fuera mi estimado Lucho? ¿Qué si no todo resultara tan perfecto o si asomara solamente la razón de una quimera? ¿Qué razón podríamos tener entonces, para avanzar? Sin embargo, te reitero amigo que todo es cierto, que Dios sí nos hizo seres trascendentes. Que si las campanas me recordarían cuando tenga que partir de esta vida, muchas veces incomprensible y majadera, fíjate tú que en ese momento más sería mi apuro por verte otra vez mi querido Lucho, aunque yo tenga que partir…
Click: https://www.youtube.com/watch?v=BupbWHRkP7s
En recuerdo de mi mejor amigo, compañero de la Universidad Luis Marchena Cárdenas. Lima, 2010. (+)

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