Veinte y nueve años que te fuiste madre mía y tu recuerdo
vive aún conmigo. Contemplo las fotos en el álbum que me dejaste y al hojear
algunos cuadernos tuyos, encuentro lo que escribiste en el pasado y vaya que
ahora es una inspiración para mí.
Doy gracias a nuestro Dios porque soy lo que soy
porque me enseñaste a luchar por la vida así como también lo hiciste por el
amor, la verdad, el coraje y la perseverancia en medio de toda circunstancia…
Nunca olvidé tus consejos para ser el mejor siempre y
fuiste un gran ejemplo para mí. Cómo olvidar el amor que tuviste a mis hijas
cuando estuviste con nosotros, tus adorables nietas a quienes amaste y cuidaste
con dedicación, preocupándote también por sus estudios cuando fueron al
colegio. Ellas tienen los libros que les regalaste y son una herencia de su
recordada abuelita. ¡Gracias mamá!
Cuando vienen mis días malos, me siento como un niño
asustado que quisiera guarecerse en tu regazo y me regocijo en el recuerdo
cuando era pequeño y me cuidabas de los peligros o cuando estaba enfermo y
velabas junto a mí. ¡Gracias por los
remedios feos!
Te amo madre mía, como si fuera ayer y en los últimos
meses cuando ya no pudiste hablar, me diste el último abrazo consolando mi
profunda tristeza, así en el silencio del día y la noche, pero con tu gran
corazón…
Sí, fue mi último abrazo que la enfermedad no te
quebró; porque fuiste más fuerte que ella, venciéndola lejos con tu amor de
madre. ¡Cómo olvidarlo! Estás ahora
con Dios en su mansión celestial y realmente feliz en Su presencia.
Y aunque ahora te extraño, estoy seguro que más tarde
o más temprano, nos volveremos a encontrar. Hasta entonces mi linda madrecita,
siempre estás conmigo, ahora en mi vida y también en mi ser…
Tu hijo…
Roque Puell López - Lavalle
Click: https://www.youtube.com/watch?v=kkqOtkJfINQ&list=RDGMEMRpqX2eKUq0kW97LmkR0R1w&index=3

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