Montes engalanados de tupida vegetación, los abismos
insondables, la selva impenetrable, húmeda, de olor a madera mojada, es un mundo
que no ha sido explorado. Pero ahí se encuentra, soberbio, imponente, solitario
y hermoso a la vez, un paraje que no se conoce, un monte sin luz del sol, una
aventura que invita a una vida peligrosa y que sin embargo busca entre los más
avezados, una oportunidad, un rumbo inexplicable, una rosa en magnífica flor, que finalmente
quiere ser llevada por el conquistador…
Sin embargo, la lluvia torrencial acompaña al hombre y
aquella densa neblina que envuelve su vida, lo enaltece. Ama la verdad en lo
que dice, le importa el alma de los extraños, corre en sus venas el entusiasmo
de los sueños y a pesar que escucha solamente su respiración cuando va cuesta
arriba, quiere pasar de lo impredecible a lo que él anhela profundamente, para luego compartirlo. Es una dicha que no cabe en su corazón…
La fiera limita su territorio pero él quiere llegar
presto para ser el primero. Será porque no le importa ni el tiempo ni la
distancia, ni el recuerdo de su pueblo o la razón de sus amigos. ¡Qué carácter!
El mensaje es el mismo: Liberador, fuerte, impactante, consolador, nunca pierde
vigencia aunque lo visite el martirio. Es el amor de Quien hace mucho se le
adelantó pero que ahora toma todo su ser y su decisión. Usa de su violencia, de
su naturaleza desnuda o mordaz, para no ser alcanzado por el rayo de la
desesperanza o el trueno de la indiferencia...
Le dijeron loco pero ahora lo vive intenso, todos
pueden cercarlo, pueden tocarlo y reírse con él. Porque a la ingenuidad de
ellos, se le adelanta la humildad y la sencillez que se le ve reflejada en su
rostro, en la calidez de lo que él expresa, en su cuerpo maltratado porque
atrás dejó su orgullo para ir ahora en pos de un ideal verdadero, monstruoso
para los que no creen y único para los que lo aceptan con decisión…
La vida es una para contarla y algunos la conocen por
las vivencias que contiene el Libro de verdades eternas. Del sufrimiento de
otros se nutre el carácter o de los latidos de un corazón extraviado se afirman
las alegrías pero permanece todavía el mismo llamado que cambia al hombre y
anima al corazón apocado. La montaña lo refugia, lo soslaya, pero es generosa
cuando comparte sus secretos…
¿Qué es aquello que lo apasiona entonces? La vida con
propósito y el recorrido de los caminos que sabe que lo pueden sorprender. Es
que existe el Dueño de los laberintos y de los árboles inmensos en las cañadas
o el nativo de la humilde morada, del que él no pensaba que te daría la
bienvenida con un sencillo saludo. No se imaginaba el corazón del que recibía
su visita, el dolor de su despedida, tal vez de su sencillo mensaje y de la manera de
compartirlo…
Solamente las almas que se doblegan ante la Majestad de lo que tú no adviertes, de la pequeñez que te hacen sentir ellos o la misma montaña, se ven reflejadas en el por qué los conociste. No eres tú el que conquistas y tomas para ti el honor. No, el conquistado eres tú que no sabes que la Misión que llevas, es de tu Mensaje. La candidez de tu ignorancia, te hace un vasallo, te convierte en un simple aprendiz y que solamente aportas tú, la intención de tu inocencia…
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