sábado, 17 de abril de 2021

Zapatitos blancos


Venía ella oronda con los años que habían sido tantos y ya peinaba canas hace qué ratos, por sus cabellos largos. Era la gran señora, pero toditos en nuestra vecindad la conocían como “La doña de los zapatitos blancos”. Era la vecina más extraña donde yo vivía pero otros vecinos, chismeaban de ella porque a más de uno y a otros más, les hizo muchos días de infelicidad.

Yo pensaba que era una dulce y pobre viejecita, quizás una frágil cascarita de risas y achaques pero estaba equivocado, tenía el alma negra y la lengua larga. Sin embargo, hoy vivía con un tal Barrabás. Muchos, le tenían miedo al infame más yo no tenía ningún temor porque ya mucho antes, me había enfrentado al atorrante. Él también era el responsable por ser el defensor de las causas injustas de su díscola mujer y de sus ataques…

En una ocasión, tuve un raro sueño. Vi entre las brumas de mi experiencia, que nos visitaba la muerte. Ella recorrió y visitó mi barrio entero como si fuera su morada. Iba de casa en casa buscando a quién llevar con su guadaña lista y bien afilada. ¿Cuál sería su decisión? Era un misterio vivir estos momentos no imaginando qué habría de suceder. Pero también pude ver que todos los que estaban allí, fueron consternados ese día por su sorpresiva presencia. Yo extrañamente me miraba en el sueño, sereno, pues tampoco me consideraba ser un vigía de sus propios entuertos…

Más cuando yo desperté a la mañana siguiente, me di cuenta  que si era verdad lo que había soñado aquella noche. Sorprendido, encontré un funeral muy fino y arreglado situado en la casa fea que todos conocíamos muy bien. Con razón el desorden, la desazón y aun el miedo por la tarde sombría, próxima seguramente para llover copiosamente. Más pocos irían a su velatorio, la señora no tendría familia según decían algunos y solamente fueron los curiosos que los charlatanes de siempre…

Se escuchaba un barullo confuso y algunos ayes destemplados. Algunas mujeres iban con la mantilla negra y una vela en la mano ¡Qué patético! Había también arreglo de flores bien perfumados a la entrada de la casa y los grandes recuerdos de las florerías cercanas…

¿Pero quién era, digan quién fue el que partió? Pregunté algo confundido pero malicioso entre los presentes. Nadie contestaba, solo se escuchaba toda clase de murmullos. Todos afirmaban conocerla pero yo tenía mis dudas, hasta algunos decían que la doña tenía una hija, quizá una hermana pero…

¡Murió la vieja y desconsolada, la doña de los zapatitos blancos!

Gritó sin tanta demora pero triste y lloroso. Era el dizque mal vecino, el conocido ensortijado de cabellos y el renombrado de nuestro bario: El famoso Barrabás...

Roque Puell López Lavalle

 Click: https://www.youtube.com/watch?v=aERhM81gQWc






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