El capulí de tus ojos me dio la esperanza, me dio el
color que no esperaba en una dicha de razón y orgullo, quizá en una mezcla de
amor y embrujo… Así las cosas, ¿Puedo saber el por qué de recibir nuestro
inmenso cariño?
El capulí de tus ojos me conoció desnudo de pies a
cabeza, comprendió de mis vigores y de conciencias. Con el pensar del cielo y
de la tierra, musitaste así el amor de una princesa, el deseo a todas luces de
ser tú, mi reina…
El capulí de tus ojos vio mi pena, mi enojo y mi
sangre guerrera de las mil batallas que libré por la verdad, pero llegaste tú
presta para decirme que también era posible luchar contra la mezquindad. ¿Qué
más podría pedirte yo si entendiste lo que mi corazón anhela?
El capulí de tus ojos me miró para buscar una
contestación, hurgaron en mí para pedirme cuentas, de quién eres ahora tú para
transformarte después en mi ardorosa conciencia. No supiste que me ganaste el corazón
porque hasta en sueños yo ya sabía de tu respuesta…
El capulí de tus ojos conoció mi gran apuro, mi ser
desvalido por los problemas y sin embargo, tus mimos sonrieron buscando en mi
lo mejor de mi corazón o tal vez que me convierta en un adolescente para
jugar de esa manera con tu inocencia…
El capulí de tus ojos me mostró tus sentimientos, esos
que no nacieron de un instante de desvelo o en una corazonada de algún naipe
jugado. Nació por el parecer de nuestro mutuo arrobamiento, por el derecho que todos
tenemos de llegar, a un maravilloso encuentro…
El capulí de tus ojos llegó cuando menos te esperaba y
no te fuiste sin decirme adiós, solo te quedaste en el seno de mi dicha, en el
fuego de mi pasión encendida, para llegar juntos a la plenitud de nuestro gran
amor…
El capulí de tus ojos cerraron los míos para abrirlos
en una esperanza, en un mar de ilusiones, en aquellos fuegos inapagables por
los vientos de una traición. Pero nacieron también para ser ciertos y reales,
en las letras de tu melodiosa voz…
El capulí de tus ojos vio en los míos el despertar de
un hombre solitario que en mucho tiempo no veía la inocencia de un niño que
poco a poco lo hiciera sonreír. Y por ello no dudo que esos ojos nunca se
cerraron para mí, es más, me di cuenta en ese momento, que se quedaron para
siempre por mí…
Roque Puell López Lavalle
Click: https://www.youtube.com/watch?v=Yh_JZqnu31M&t=165s

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