domingo, 16 de mayo de 2021

Niña bonita


Niña mujer de los mil colores, tú que sabes conversar con las flores

 tus palabras son como el canto y tus ojitos son como la miel

 ¿Por qué te preocupas por un viaje que has de merecer? 

II

 Pronto nos dejarás en el vuelo del otoño para conquistar el mundo

 les enseñarás a los entendidos, a los propios y foráneos

 el testimonio y el por qué de tu abnegada vocación.

 III

 Profesional como lo eres, veo a una mujer talentosa e inteligente

 alguien que siempre investiga todo en cualquier momento

 defendiendo emocionada lo que ama y lo que quiere,

 vernos a todos sanos venciendo la enfermedad. 

IV

 Eres una alegría hecha mujer y sabes así, guerrear por tus ideales

 y para el contento de todos, dejarás en alto a tu gran país

 ¿Dónde aprendiste de los libros, todo tu saber? 

V

 Ahora mismo te vas por un tiempo para ganar más experiencia

 sin embargo, todos los que te queremos quedamos tristes

a la espera de verte convertida en una Autoridad

 y así cumplirás tu sueño, el Título magistral.

Hombre de maíz


En América naciste fijáte, ¡Increíble fue Dios al crear la bella Guatemala! Meso-américa, la tierra de los mayas, hoy quiero dedicarte fino unas palabras Si me lo permitís y si el tiempo me da la venia, contaré unos mis recuerdos… Que hace ya unos años viví entre el occidente frío y entre los muchos encuentros y que van de las camionetas coloridas a los caballos bravos de las milpas… Holguras y estrecheces son lo que me mostró la campiña de los pinos,las tortillas que parecían extrañas a mi hambre que se desatabay que muchas veces me hicieron feliz para nunca olvidarlas.

II

Me tocó ser testigo de conocerte en mis correrías de aventurero y aldeano.Entre los azulinos volcanes donde los pastores cuidaban los rebaños,entre las aldeas que no se dejaban amedrantar por el fríoy tu gente alegre que varias veces me sabía decir: Buenos días hermano… ¿Cómo amaneció hoy el caminante? Bien; contestaba, pero ellos siempre desconfiados sonreían… Entonces, mi conciencia me decía lo contrario: ¡Buenos son los días que Dios te hace vivir todavía!

III

Y qué momentos tú, muchos fueron los viajes en el valle de la Ermitapues mucho aprendí hombre de maíz, varón del campo y trueno vos que caminas con la leña a cuestas y que tu familia espera… Sí que sabés enseñar al que no sabe y compartís lo que tienes. No cambies porfa, que tú sabes al fuereño contentar…

IV

No dejes que tu nombre se pierda en los cambios del mundo sombrío, Las raíces y tradiciones no deben morir, así el mundo lo sugiera pues educación, trabajo, salud y desarrollo, son los pilares… ¡La grandeza de una Nación! Tú, ¿Alcanzarás la estrella? Y me lo dijo Don Calayo: ¡Claro que la conseguirás!

V

Pero que nunca se pierda entre las madejas ni en las letras muertas, las estrofas bellas de tu himno patrio que más de una vez canté y que das la vida y la fuerza a este país que te vio nacer,

VI

Solamente hacéme la campaña, no te rajes hoy ni mañana… ¡Qué no mueran tus ideales, ni el amor a la patria por nada! ¡¡Dios te bendiga siempre, hombre de maíz!!

 Roque Puell López - Lavalle

 Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=UPN1CfbjlpI 

Como el Señor de los cielos nos enseñó


El cielo está oscuro, es de color azul así como el misterioso manto que lo envuelve, pero el fenómeno es tan inmenso que es ya media noche y se siente el silencio que reina alrededor. Aunque no está la luna de otros días, hoy solamente escucho que mi corazón se estremece y entonces ahora inspirado, puedo escribir…

En las alturas donde me encuentro, el aire frío invade mis pensamientos, hiela mis deseos pero no dejo de pensar en ti ¿Qué harás ahora a pesar que las tormentas me impiden verte? O quizá me pregunte ahora ¿Cómo es que la distancia puede usar a los nubarrones que en estos momentos nos separa cada vez más? No te digo la respuesta, pero siento que estás en lo profundo de mi ser y tengo cierta la esperanza de encontrarte aun cuando sueñe con tu recuerdo…

Busco entre las estrellas del cielo, tu rostro, luego entre las luces del cielo, la figura que extraño y en las estrellas, tus ojos, porque ante ellos expresaría todo lo que mi pasión enciende, lo que mi amor te jura, pero que ahora debe permanecer callado. No quiero que me veas como el advenedizo que quiere arrancar solo tus sentimientos, sino como el fiero guerrero que toma una quebrada y que no siente miedo ni a los rezos de un labriego…

Así amanezco yo, entre las cúspides de mi montaña, donde el cóndor andino vuela ufano, orgulloso, cubriendo el paisaje inmenso con su mirada y entonces, solo me pregunto: ¿Será que el tiempo hace crecer mi angustia del no saber cuándo podré estrecharte entre mis brazos? Lo ignoro pero hoy solamente presiento que los vientos no tienen influencia en mi razón porque no dejan de recordarme que entre nosotros existen lazos inseparables.

Más no quisiera que estuvieran reflejados en los colores del arco iris como si fueran los de un amigo, con el que quisieras olvidar sin un atisbo de esperanza, sino como la estela de un cometa, la que le mostraría a propios y extraños, que te amo mucho para así solazarme como un niño en tus pechos tan generosos….

Sin embargo, al pasar el tiempo, al darte mi amor entre las historias de mi pueblo, quiero mostrarles a todos quién eres y que ellos recuerden siempre al rey al lado de su princesa. Que se enseñe que no existe el amor recíproco tan grande del que uno pueda brindar al ser amado. Que lo proclamen por los cuatro puntos cardinales, aun en las tierras lejanas para que jamás lo olviden. Pero tampoco quiero que lo nuestro sea algo superficial o como la tradición de la mejor mejor estrella con que nacimos no, ciertamente será como el Señor de los cielos, nos enseñó…

Roque Puell López - Lavalle


Bells


La amistad entre un niño y un perro suele ser muy peculiar. Grandes encuentros, muchas anécdotas y un sin número de emociones. Recuerdo a Bells mi perro adoptado, un Setter irlandés negro, peludo, cuyos dueños, unos españoles de la panadería al frente de mi casa, lo criaban desde pequeño y era mi amigo a todo dar. Todos los días cuando venía del colegio a eso de las cinco de la tarde, allí estaba esperándome fiel a la hora, sentado y orgulloso como un empleado del Estado…

Yo le gritaba entonces, ¡Bells! ¡Bells! ¡Bells! Él, apenas me veía, corría a la velocidad del rayo meneando fuertemente su cola y ladrando como podía, luego me tumbaba con sus patas delanteras y jadeando me prodigaba sus lamidos hasta que yo lo abrazaba dándole mi inmenso cariño. Lo llevaba después a mi casa y le daba de comer. Mi mamá no llegaba del trabajo hasta más tarde así que le daba mi almuerzo, era la ración del momento para luego jugar incansables con una pelota vieja. Cuando se marchaba, y lo hacía puntualmente, recién me ponía a hacer mis tareas del colegio. ¡Increíble!

Pero sucedió que una vez le dio la enfermedad temible de los perros, el famoso “Distemper”. Recuerdo que cuatro grandes limones colgaban de su cuello. Yo pensé que moriría pero él infaltable, nunca dejaba de estar conmigo todos los días después del colegio con su curioso “collar” amarillo.

Sin embargo, un día tuve que mudarme de casa y era como las despedidas de los barcos. Mi adiós no parecía terminar pero tenía que partir a un nuevo barrio. Con mucho pesar, abracé a mi perrito. Era fin de año, el colegio terminaba y la mudanza a mi nueva casa tenía prisa. Me fui con el recuerdo de nuestras aventuras, estaba triste porque era mi único amigo, fiel y callejero. Lo extrañé mucho pero ni modo, otras experiencias me esperarían…

Por algunas razones que no recuerdo, mi mamá tenía pensado regresar a la casa pues tenía que hablar con mi tío muy cerca del parque y de la panadería donde vivíamos antes. Solamente habían pasado tres meses así que insistí para ir allá y saber de mi adorado animal. Llegamos y fuimos a la panadería. Yo emocionado, bebía a sorbos la “Ñusta”, famosa gaseosa de mi niñez. Preguntando por mi amigo, la hija de la dueña nos contó que Bells había muerto. Un microbús lo atropelló dejando de existir instantáneamente.

Se me cayó el mundo, la garganta se me hizo un nudo e hice denodados esfuerzos para no llorar aunque mis ojos vidriosos me delataban. Tenía apenas catorce años recién cumplidos y mi mamá se apenó un tanto también con el relato, no pensamos que en tan corto tiempo podía haberle sucedido esta desgracia a mi perro. Menos yo por supuesto.

Pasaron muchos años de aquél entonces y cuando hace algunos meses pasé por allí, me di cuenta que ya no existía la famosa panadería. El parque adyacente estaba muy lindo; lleno de flores, todo muy cambiado y me acordé de Bells. Pero miré también la esquina donde bajaba del bus del colegio, vi mi can imaginario corriendo y recibiéndome todo atolondrado. De alguna manera sentí que mis emociones encontradas entre alegrías y tristezas, volvieron nuevamente a mí mirándome de esa edad. No lo podía creer en ese momento y solamente me dieron ganas de llorar…

En fin, dicen que el perro es el mejor amigo del hombre y de un niño que ya creció, pero que no dejó de recordarlo en un tiempo en que los dos se querían mucho y que el juego diario de los dos inocentes, si los unió para siempre…

 Roque Puell López - Lavalle

Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=wrTwPKdVwaY

Yo no he sido profesor


Un compañero de clase, en el colegio donde yo estudiaba, acusado de una gran falta, a las pruebas se remite y con el palo cayendo en su mano por el maestro, eleva muy firme u orgulloso su descargo: ¡¡Yo no he sido profesor!!

II

Y como nuestro guía era sabio, aplica el correctivo pero el travieso movido a la picardía no desmaya en su defensa y en el afán de airoso vencedor, replica de nuevo sin vergüenza alguna: ¡¡Yo no he sido profesor!!

III

Imperturbable el profesor nuevamente que enfila la palmeta y el alumno vivo, terco como mentiroso, siempre desafiante contesta con el cinismo que lo caracterizaba entonces, respira y embate: ¡¡Yo no he sido profesor!!

IV

Nosotros, nos preguntábamos en qué momentos se acabaría el castigo incesante porque           él vivía los estragos de la disciplina, pero, no cejó su recia defensa y ofende:                            ¡¡Yo no he sido profesor!!

V

Hasta que el docente se mostró sereno, serio, parco e indolente y le replica algo alterado pero con firmeza mirándolo a los ojos: ¡La verdad estudiante! El muchacho estaba de colores y esta vez jura por el tormento: ¡¡Yo no he sido profesor!!

VI

Otra vez como antaño, el educador aplica el dicho consabido: “La letra con sangre entra” y no por ello deja al estudiante. Ésta vez el jovencito regala lagrimitas a ver si conmueve al profesor y sin pensar en lo que esa vez dijo, sentencia: ¡¡Yo no he sido profesor!!

VII

No hay nada que hacer, el amauta sigue al impenitente y éste que ya parecía quedarse sin mano, sintiéndose derrotado al fin, entre lágrimas verdaderas y sollozos se confiesa después de tanta majadería: ¡¡Yo si he sido profesorrr!!

Nunca nos olvidamos de esta anécdota en nuestro recordado centro de estudios. Aquellas aventuras y vivencias, aun otras de mucha originalidad por nosotros. En nuestras reuniones anuales, le preguntamos curiosos al chancho: ¿Cómo pudiste, cómo lo hiciste compañero para cometer semejante payasada? Entonces él, ahora padre de familia de dos hijos, en esa oportunidad socarronamente nos dijo:

¡¡No sé cómo lo hice muchachos, nunca lo pude comprobar!!

Roque Puell López Lavalle

Enlace:  https://www.youtube.com/watch?v=36IYcVr9fao

 

Sin luna llena


En esa noche fría, cuando se oía el silbar de los vientos, ella le dijo a su compañero: "Te amo", pero esa palabra le parecía a él muy lejana pues era como las luces de un firmamento estrellado pero pensó que ese susurro tal vez sería una verdad o quizá era solamente una promesa. No obstante, la voz queda que él escuchó, caló duro en su ego de hombre inflamado no teniendo ninguna respuesta que dar desde sus confusos presentimientos...

Pero por la mañana al despertar, veía un matiz de luces de colores en su imaginación y quizá por la alegría de verla por el amor que él amablemente le prodigaba, se sentía feliz. Sin embargo, tal como es una ilusión; que va y viene, de esa manera también, se hacían vanos sus deseos...

En el transcurrir de los meses, no sucedió lo que él anhelaba porque entonces, prevaleció inexorable, el correr del tiempo. Escuchaba como una voz firme en el interior de su alma, acaso fuera el dictamen final que subrayaba de esa manera una sentencia porque: ¡¡El romance se le estaba yendo de las manos!! Ida fue entonces, la ilusión de no tenerla y también ida fue, la fe de no encontrarla más. El amor que construyeron, se fue sin pensar acompañado de las alegrías que juntos habían sembrado con tanta ilusión. Y tal como se viven las tristezas, sin prisa y sin culpa, así también, se marcharon los afectos...

¿Y lo que soñaron para el futuro? En nada de nada se convirtieron porque todas las promesas se quedaron sin cumplir. Sus anhelos e ilusiones se perdieron y no hubo nada más que rescatar. Él se fue muy apesadumbrado y triste a su mundo incierto no volviendo a ser el mismo por un largo tiempo. Ella volvió a su vida de siempre, con sus laberintos y pesares, con su imaginario pretendiente que siempre lo soñaba y que habría de aparecérsele en algún instante. Pero para el hombre burlado, fue el resultado de la frivolidad y de un corazón desamorado...

Luego, en el cambio de las estaciones, en el invierno sombrío de las noches y el manto de la nieve que cubrían los montes y los bosques, él moría de la tristeza recordando las palabras falsas de ella y del deseo expreso que no había nacido nunca de su corazón que el había creído sincero. Los malos momentos según pudo darse cuenta, habían vencido por fin, el baúl de sus recuerdos... ¿Sería que alguna vez las circunstancias cambiarían? Nunca lo creyó. Todos se enteraron de su rompimiento por los vecinos que moraban continuos al acantilado donde ellos solían contemplar el mar...

Pero un antiguo amigo de los dos, el hombre cano de semblante grave, taciturno, muy leal a él, esgrimió temerariamente una respuesta: 

        "Él se fue dejando un fallido recuerdo de sus vivencias, pero de su pasado con la inconstante, él nunca la nombró y solo se supo que ella se perdió con su nuevo compromiso en un día sin luna llena".

Ellos quedaron boquiabiertos por la noticia, pero él, cabizbajo, se alejó indiferente, serio, solitario, lejos de la vista y de los comentarios de los incautos. Terminando su cigarrillo, enrumbó tranquilo por el camino empedrado del conocido "Boulevard de los espejos"...

Roque Puell López - Lavalle

sábado, 15 de mayo de 2021

Hazaña

 

Verano de 1968, la casa de mi tía en Chorrillos, eran los tiempos inolvidables. Aquella vez amanecía sin novedad como un día cualquiera. Mis vacaciones de colegio en aquél tiempo se daban en casa durmiendo hasta tarde, viendo los dibujos de la tele, (los antiguos) y las peleas de box del canal preferido con tu prima que vivía contigo. 

Fui al parque de mis juegos pero recordé que días antes, había visto a los cadetes de la Escuela Militar bajar por los cerros circundantes a la Urbanización en ropa de campaña. Sabía también que en el Morro Solar existía también el monumento al Soldado Desconocido y todo eso me llenó de curiosidad. Y tal como vi a los cadetes, me animé a hacer lo mismo no importándome nada pues para mí, era todo un reto. Yendo entonces, por la bajada de Agua Dulce y el Malecón, llegué pronto a las faldas del Morro solar.

Opté por subir por el medio del cerro ignorando el camino más espacioso, que de todas formas no lo quise encontrar. En pocos minutos, estuve enterrado entre las muchas piedras, tierra y mucha incomodidad. Como no podía dar marcha atrás, tuve que seguir entre mis palabras profanas hasta donde había llegado mi “valiente” irresponsabilidad. Así que, entre miedos y terquedad, bañado en el terral, coroné mi hazaña trepando el pequeño muro para llegar a la explanada donde quedaba el Obelisco al Soldado Desconocido. En ese momento, no había nadie pero mi corazón latía fuertemente emocionado pues me sentía dichoso de haber cumplido mi aventura…

Se sentía un silencio sepulcral, parecía estar ahora en un camposanto que ciertamente lo era, aún con ese viento que silbaba peculiarmente. Corrí luego al Planetario, edificio viejo, cerrado, para ver la novedad del momento, pero nada comparable fue lo que estaba viviendo en esos momentos. Era una emoción indescriptible para un niño de once años como yo que vivía esa circunstancia. Pensativo de lo que sucedió allí imaginando en la cumbre, el grito de los soldados de antaño, el relincho de los caballos, el ruido de cañones y me convertí en el testigo imaginario de aquella batalla. Bajé luego de un buen rato y sin saber el tiempo ni el cómo descender, fui cuidadoso para no desembarrancar.

Pasaron muchos años de aquella vez. Regresé después con una pareja centroamericana para hablarles de nuestra historia y lo que significaba el Morro solar para nosotros los peruanos. Pero vino a mi otra vez la emoción que viví de niño y aunque no todo estaba tan cambiado, el Obelisco y el soldado fueron los mudos testigos de mi vivencia anterior. Me asombré y me di cuenta lo alto que pude subir en esa oportunidad y de no morir en el intento pero en ese tiempo, no medía las consecuencias.

Pero allí, no acaba mi historia. Para esos años, estaba casado y tenía ya a mis dos hijas gemelas. Lía la que era mayor, poco antes de tener un año, era movediza y traviesa como su hermana Elizabeth. Esa vez, encontré a Lía subiendo por las escaleras poniendo sus manitos adelante. Estaba gateando despacito y entonces, le grité preocupado, ¡¡¡Hijaaa!!! Ella, volteando, me sonrío de oreja a oreja justo terminando de subir la última grada que da al segundo piso esperando seguramente en ese momento que yo la cargara. Y fue el caso que inmediatamente vino a mi memoria mi niñez viéndome subir el morro para que luego, mi hija me dijera hoy con su risita cachacienta: 

                            ¡¡Te gané papá, veinte y ocho años antes que túúú!!

Yo no sabía qué hacer en esos momentos por la gran sorpresa que me dio mi hija. Así que mejor, hoy no lo sigo contando. Subí corriendo para tomarla entre mis brazos y alegre como estaba, me la comí a besos…

Roque Puell López - Lavalle

miércoles, 12 de mayo de 2021

Aromas de leyenda



“Hola, tu acento no es de aquí y estás de paso en mi país”, te pregunté al ver tus maletas encontradas y tus chivas juntas como hermanas. Risueña como eres e inteligente, respondiste: “Soy del Paraguay”, y yo curioso por la emoción cumplida, me di cuenta que allí empezaron las sorpresas. Recordé que hacía mucho había leído acerca de Asunción y esos fueron puntos de oro para mí. ¡Qué lindo fue escucharte cuando me contestaste el saludo en tu perfecto guaraní!

El pecado de ser sociables para ambos empezó su faena. Se encontraron dos almas que jamás se habían visto. Arreglar el mundo y hablar de nosotros era la tarea que nos trazamos preguntándonos que más podíamos encontrar, tan sólo fueron unas semanas que viviste en Lima y había que buscar más. Te faltó tiempo, te faltaron días, pero te quedaste a ver lo que el Imperio te mostró. Ini es tu nombre de pila y tu apellido es el de los más grandes todavía, pero prefiero decirte Inita para recordar que me brindaste tu amistad con la sonrisa de una niña...

Pero te ibas pronto a tu querido terruño, al país verde y de valientes, al gran condominio alegre del Sur. Te confieso que fue una charla interesante, me quedé con la pluma y el tintero, ¡Nuestros dos mundos opuestos se confundieron! Parecía una amistad de muchos años en un tiempo tan pequeño.. Solo deseo que hayas llegado bien, que cuentes a tus paisanos que un peruano te encontró desierta y que anhela que nuestra amistad crezca en medio de la tormenta. Aunque te vi sólo una vez, ¡Ojalá pronto tengas que volver!

Te recordaré siempre como un ángel perdido que bajó del cielo, te recordaré siempre que nos encontramos en aquél Café de tantos, me acordaré del abrazo y extrañaré el momento cuando nos dimos el beso tímido del “hasta pronto”, ¿O fueron dos? Pero ahora en mis recuerdos me veré leyendo de niño la historia de tu país, cuando en aquella tarde mi corazón se emocionó escuchando al pájaro chogui cantando en el lago de Ypacarí...

Aromas del café caliente, aromas que me entretienen, aromas de leyenda pero de aquellas que solamente se convierten en realidad...

Roque Puell López Lavalle













Veinte pasos

Hace mucho tiempo en el Parque Kennedy, en el distrito de Miraflores, se encontraba un personaje muy singular. Su extraña presencia no incomodaba a nadie. Algunos le decíamos de cariño, “Veinte pasos”, como si fuese un actor que representaba una comedia en el teatro de la vida, pero nos dimos cuenta también que nunca supimos su verdadero nombre.

Era una persona de un porte presentable, sobrio, de mediana estatura, atlético, trigueño, de barba copiosa, de calvicie expuesta, ceño algo fruncido y de una mirada pacífica, tristona. Usaba terno gris claro y brillante, siempre llevaba en las manos un ramo de rosas. ¡Era un romántico de antaño pero sin copa! La particularidad de aquél, era su insistencia en caminar un largo trecho para nuevamente regresar sobre la marcha en sentido contrario. ¡Qué tremendo! De ahí su apelativo inocente por lo que él se mostraba, en todas las tardes...

No hablaba ni una sola palabra y parecía estar muy preocupado, pensativo, porque siempre quedaba parado esperando en su imaginación a alguien. Entonces abría sus ojos expectantes con cierta alegría. El afán de nuestra curiosidad era el por qué de su incesante caminar a una hora determinada no importando la estación del año. Nos dimos cuenta que era su ritual acostumbrado y no había nada que hacer al respecto, pues solo nos quedaba observar.

Al fin nos enteramos, fue un hombre enamorado hacía mucho tiempo. Todas las tardes se encontraba con su novia en esta parte del camino y para la ocasión siempre él atento, le llevaba un ramo de rosas y una caja de chocolates. Le prodigaba cariños bajo las sombra de los frondosos árboles del parque y todos parecían ver en ellos un gran amor porque siempre se les veía juntos asidos de la mano sin importar las horas.

Pero un día, la fatalidad que nunca avisa, no se hizo esperar. En aquella ocasión, mucha gente estaba arremolinada en la esquina del parque. Él extrañado, y quizá temiendo lo peor, corrió para saber lo que ocurría. Había mucha confusión y tal fue su asombro, que encontró a su novia tendida en la pista rodeada en un charco de sangre. Un auto la había atropellado. Ella, agonizante, volteó inesperadamente y solo pudo mirar a su desesperado novio y murió en sus brazos. Él se impresionó de tal manera que en ese momento, no paró de llorar. Pero ya no era el mismo, algo pasó y su mente se perdió quedando ligada a ella para siempre.

Por eso regresó al mismo lugar, de ahí en adelante. Fue el novio fiel, infatigable, que nunca dejó de esperarla. Extraviado y abrumado, llegó a la madurez de su vida asomando ya las canas que adornaban su cabeza y su abundante barba. Nadie se inmutó por verlo siempre, ninguno se atrevió a indagar su verdadero pesar pero fueron las palabras, la habladuría popular y su inmenso amor que le dio los colores a esta historia.

Más tarde, me di con la sorpresa que una amiga me contó que lo ocurrido con “Veinte pasos”, fue real. Fue un hijo de buena familia en Miraflores. Era un hombre culto y educado. Sin embargo, la variedad de acontecimientos, los testimonios y los sentimientos que afloraron, se encontraron todos en una sola verdad: La mente nunca pudo separarlo a él de su novia en la espera mutua de un encuentro feliz, quién sabe cuándo… 

Roque Puell López - Lavalle

 Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=ea28WRSilRg

martes, 11 de mayo de 2021

Desgracias compartidas

 

Por las leyes, los juicios y los expedientes que nunca faltan, encontré a mi amigo Festo en el Juzgado. Él me contó que entre los pleitos legales que manejaba, pocas eran las victorias que tenía entre las manos. Escasas también eran las Resoluciones de la Corte que fueron a su favor y que con afán buscaba porque hacía tiempo dormían entre las falsas voluntades de los burócratas inconscientes.

Entonces le dije fríamente:

“Los trámites que te piden, tú debes con prontitud ser diligente para pagarlos”.

Yo no lo culpaba de su estado porque él vivía entre las injusticias de su Hacienda y sus tierras que no las podía dar en herencia por los malos manejos de un pariente. No tenía así en ese momento, soluciones válidas para que en ese momento pudiera ganar.

Pero como amigo, le reiteré:

“Rinde tus cuentas, cesa ya la batalla,  es mejor una retirada honrosa y con medallas que una batalla desastrosa y sin bandera. Vende tus ganados y reparte en partes iguales lo que te conviene, lo demás busca mejores corredores que te financien bien y te den victoria sobre tus empedernidos estafadores. Así podrás dormir en paz”.

Él me respondió en aquél momento:

“Si, sí… no te preocupes, todo está controlado, yo pronto he de ganar”.

Pero supe que él hizo oídos sordos y vanas fueron mis palabras. Pero pasó algo de tiempo y al fin hubo una respuesta. Se pensó que por el fallo del Juez habría pocas esperanzas para una respuesta satisfactoria, pero se esperó siempre algo mejor.

Y mi amigo entusiasmado, daba gracias al cielo por los mil favores recibidos que en su momento lo pudieron ayudar. Más tuve yo un leve presentimiento y dudé por ser un caso complejo absurdo y lleno de contradicciones.

Sin embargo, resultó que era cierto que ganó el juicio pero lo que él jamás esperó era tener que sacrificar media fortuna para ver a sus enemigos morder el polvo de la derrota aun así hayan apelado al máximo de los Tribunales. Nuevamente comenzó la plañidera del eterno “por qué a mí” de mi amigo y otros trámites con pocas esperanzas de recuperar su fortuna.

Enojado en gran manera, se fue resignado y deprimido a “disfrutar” lo poco que le quedaba según él y así se puso a pensar según me lo comunicó por teléfono:

“Muchas fueron las noches de mi desvelo, mucho afán en cuanto al tiempo y el dinero para que ahora no se pueda triunfar. ¿Acaso no dejé la suficiente remesa para que puedan cumplir? Hoy, formo parte de las desdichas del pobre y soy hermano de él en su desgano acompañándolo en sus desgracias compartidas”.

Dichas sus últimas palabras, colgó el teléfono.  Luego, según me pude enterar porque ya no lo veía por ninguna de las oficinas del Palacio de Justicia, que recogió su documentación muy enojado. Me imaginé que no lo pasaba nada bien. Sin embargo, yo tuve que ir otra vez a dejar unos escritos en un Juzgado próximo al de él donde ventilaba todos sus trámites.

Allí me contaron la mala noticia. Un fuerte sonido se escuchó en las afueras del Juzgado en cuestión. Todos salieron asustados y no pocos lanzaron un grito de sorpresa y horror al encontrarlo. No salía de la sorpresa al enterarme pensando en su familia.

Él yacía tendido en el pasillo concurrido y su cuerpo estaba doblado por el dolor. No se explican en que momento tomó la fatal determinación. Luego de las investigaciones del caso, la policía encontró el arma, una Glock 25 automática que todavía se encontraba humeante entre sus manos y que sirvió entonces, para que mi entrañable amigo Festo, con una bala en la sien, su vida la decidiera terminar…

Roque Puell López - Lavalle

Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=OGvd6Pmn5WA

Llegaste


Llegaste a mi vida mustia y a mi corazón apocado sin yo pensarlo cuando tal vez estabas escondida o cuando se anunciaba el crepúsculo. Escuché que tu voz me sonó algo distante pero a la vez me atrajo porque ella es pausada, profunda y fuerte con un bello significado de empoderamiento y señorío. ¡Qué maravilloso!

Me pregunto cuál es tu cantar ahora pues solamente te siento en el tono profundo de una zampoña y de una quena melodiosa que escucho, pero también tiene un sonido melodioso. Aquel me muestra tu belleza, tus luchas, tu aliento, tu cuerpo encarnado en la indomable cordillera, en ese aire andino enrarecido que me explica tu vida, tu corazón y tu gente…

El vuelo del cóndor lo hace poderoso, señor de las alturas pero el cielo me muestra tus ojos celestes, adornados con el blanco de los nevados que te hacen regia y majestuosa. ¿Qué escondes en tu regazo? Tal vez tu sencillez, una paz en tus paisajes, el silencio del viento imponente o el frío en el más hondo abismo para mostrarme que en las alturas también hay un corazón, un alma de niño y una amistad que ya no se encuentra…

No olvidaré tu pasado glorioso que me invita a soñar y a maravillarme de tu valentía contra el opresor en todas sus formas, por la maravillosa ofrenda de dar la vida por la madre, por el hijo, por el nombre que una vez te hizo poderosa para todos e indomable para la conquista de otros pueblos que muchos de repente, hoy te han olvidado…

Llegará pronto el día que nos veamos, me recibirás con los brazos abiertos y yo te daré un cálido beso, acaso mi corazón enamorado de la grandeza que me ofreces o de tu alma que ahora me emociona, con tan solo imaginarte. La dulzura de tu música toca ahora mis fibras, mi alma, mi deseo de saber cómo hoy podría conocerte aún más todavía…

Serán entonces, los tiempos de la alegría y de reconocer lo que siempre significaste para mí, digna tierra de provisión, de coraje, o la que consagra también, a sus mejores hijos para pelear hasta la muerte y no entregar jamás nuestra bandera…

Roque Puell López - Lavalle

Enlace: 

https://www.youtube.com/watch?v=9jaQW_Gt2yc&feature=player_embedded&fbclid=IwAR2eRtEQy9M36KY1Fi3Mb4otm8hENoV6qlznxQd6bqb5J--CcQB_asDzTNg#at=13



Presentación

  S aludos cordiales a todos. Es un placer para mí presentarles mi nuevo libro "Antes de mañana", Una antología de la vida...  edi...