II
Y como nuestro guía era sabio,
aplica el correctivo pero el travieso movido a la picardía no desmaya en su
defensa y en el afán de airoso vencedor, replica de nuevo sin vergüenza alguna: ¡¡Yo
no he sido profesor!!
III
Imperturbable el profesor nuevamente
que enfila la palmeta y el alumno vivo, terco como mentiroso, siempre
desafiante contesta con el cinismo que lo caracterizaba entonces, respira y
embate: ¡¡Yo no he sido profesor!!
V
Hasta que el docente se mostró sereno, serio, parco e indolente y le replica algo alterado pero con firmeza mirándolo a los ojos: ¡La verdad
estudiante! El muchacho estaba de colores y esta vez jura por el tormento: ¡¡Yo
no he sido profesor!!
VI
Otra vez como antaño, el educador
aplica el dicho consabido: “La letra con sangre entra” y no por ello deja al
estudiante. Ésta vez el jovencito regala lagrimitas a ver si conmueve al
profesor y sin pensar en lo que esa vez dijo, sentencia: ¡¡Yo no he sido
profesor!!
VII
No hay nada que hacer, el amauta
sigue al impenitente y éste que ya parecía quedarse sin mano, sintiéndose
derrotado al fin, entre lágrimas verdaderas y sollozos se confiesa después de
tanta majadería: ¡¡Yo si he sido profesorrr!!
Nunca nos olvidamos de esta anécdota en nuestro recordado centro de estudios. Aquellas aventuras y vivencias, aun otras de mucha originalidad por nosotros. En nuestras reuniones anuales, le preguntamos curiosos al chancho: ¿Cómo pudiste, cómo lo hiciste compañero para cometer semejante payasada? Entonces él, ahora padre de familia de dos hijos, en esa oportunidad socarronamente nos dijo:
¡¡No sé cómo lo hice muchachos, nunca lo pude comprobar!!
Roque Puell López Lavalle
Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=36IYcVr9fao
No hay comentarios:
Publicar un comentario