martes, 11 de mayo de 2021

Desgracias compartidas

 

Por las leyes, los juicios y los expedientes que nunca faltan, encontré a mi amigo Festo en el Juzgado. Él me contó que entre los pleitos legales que manejaba, pocas eran las victorias que tenía entre las manos. Escasas también eran las Resoluciones de la Corte que fueron a su favor y que con afán buscaba porque hacía tiempo dormían entre las falsas voluntades de los burócratas inconscientes.

Entonces le dije fríamente:

“Los trámites que te piden, tú debes con prontitud ser diligente para pagarlos”.

Yo no lo culpaba de su estado porque él vivía entre las injusticias de su Hacienda y sus tierras que no las podía dar en herencia por los malos manejos de un pariente. No tenía así en ese momento, soluciones válidas para que en ese momento pudiera ganar.

Pero como amigo, le reiteré:

“Rinde tus cuentas, cesa ya la batalla,  es mejor una retirada honrosa y con medallas que una batalla desastrosa y sin bandera. Vende tus ganados y reparte en partes iguales lo que te conviene, lo demás busca mejores corredores que te financien bien y te den victoria sobre tus empedernidos estafadores. Así podrás dormir en paz”.

Él me respondió en aquél momento:

“Si, sí… no te preocupes, todo está controlado, yo pronto he de ganar”.

Pero supe que él hizo oídos sordos y vanas fueron mis palabras. Pero pasó algo de tiempo y al fin hubo una respuesta. Se pensó que por el fallo del Juez habría pocas esperanzas para una respuesta satisfactoria, pero se esperó siempre algo mejor.

Y mi amigo entusiasmado, daba gracias al cielo por los mil favores recibidos que en su momento lo pudieron ayudar. Más tuve yo un leve presentimiento y dudé por ser un caso complejo absurdo y lleno de contradicciones.

Sin embargo, resultó que era cierto que ganó el juicio pero lo que él jamás esperó era tener que sacrificar media fortuna para ver a sus enemigos morder el polvo de la derrota aun así hayan apelado al máximo de los Tribunales. Nuevamente comenzó la plañidera del eterno “por qué a mí” de mi amigo y otros trámites con pocas esperanzas de recuperar su fortuna.

Enojado en gran manera, se fue resignado y deprimido a “disfrutar” lo poco que le quedaba según él y así se puso a pensar según me lo comunicó por teléfono:

“Muchas fueron las noches de mi desvelo, mucho afán en cuanto al tiempo y el dinero para que ahora no se pueda triunfar. ¿Acaso no dejé la suficiente remesa para que puedan cumplir? Hoy, formo parte de las desdichas del pobre y soy hermano de él en su desgano acompañándolo en sus desgracias compartidas”.

Dichas sus últimas palabras, colgó el teléfono.  Luego, según me pude enterar porque ya no lo veía por ninguna de las oficinas del Palacio de Justicia, que recogió su documentación muy enojado. Me imaginé que no lo pasaba nada bien. Sin embargo, yo tuve que ir otra vez a dejar unos escritos en un Juzgado próximo al de él donde ventilaba todos sus trámites.

Allí me contaron la mala noticia. Un fuerte sonido se escuchó en las afueras del Juzgado en cuestión. Todos salieron asustados y no pocos lanzaron un grito de sorpresa y horror al encontrarlo. No salía de la sorpresa al enterarme pensando en su familia.

Él yacía tendido en el pasillo concurrido y su cuerpo estaba doblado por el dolor. No se explican en que momento tomó la fatal determinación. Luego de las investigaciones del caso, la policía encontró el arma, una Glock 25 automática que todavía se encontraba humeante entre sus manos y que sirvió entonces, para que mi entrañable amigo Festo, con una bala en la sien, su vida la decidiera terminar…

Roque Puell López - Lavalle

Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=OGvd6Pmn5WA

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