Entre el aroma de algunas flores, en un delicado
capullo encontré horas más tarde, a una bella mariposa. Era de colores tan
cálidos que sus alas desplegadas eran tan intensas que su encanto asomaba a la luz
de mi mirada.
Sin embargo, extrañado como estaba, tuvimos una
interesante conversación:
Hola mariposa, ¿Qué haces aquí entre las criaturas
extrañas de la noche? ¿Estás en el murmurar de los grillos? Ellos no reconocen
tus intenciones ni tu estancia, solamente sé que al despuntar la mañana, ella
es quien te dará la cordial bienvenida y te llenará alegre de alabanzas…
Entonces ella me dijo…
“A mí
me gusta volar entre las dalias, los jazmines y las rosas. Me gozo en el cantar
de los pajarillos y en el zumbido de las abejas, pero te confieso que también
me atrae la nostalgia de la noche. Ella no me juzga, solo me mira azorada, no
comprende que mi vida es un regalo, es un adornar con mil colores a las oscuras
rendijas del silencio.”
¿Cómo? ¿Pero no te das cuenta que en el día eres una
reina? ¿Y no es por el astro rey que te admiramos? Es que la noche, sabes,
tiene a la oscuridad como su eterna compañera y tu belleza sin duda peligra
porque nadie te alaba, además que tus alas delicadas pueden quebrarse con la
niebla y aunque yo te mire asombrado; es preferible que te vea en la clara luz
del cielo, por los prados y jardines…
“Es que
a veces me siento triste y quiero sentirme libre, quiero dirigir mi canto a
todo aquél que esté despierto en las horas de su soledad y sus momentos. Quiero
formar sonrisas espontáneas con tan solo pasar revoloteando y que la luna me
ayude para afirmar mis intenciones en la esperanza. Así las alegrías las podré
impartir y la felicidad la derrocharé sin miedo al llanto. Eso me dice el
corazón ahora.”
¡Ah vaya! Qué bonito es conocerte hoy en el embrujo de
tus palabras. Son momentos de saber lo que encierra tu corazón y lo que buscas
sin cuidados ni reproches. Es un secreto a voces querer encontrarte todos los
días. Quizá con tu alegría me inspires y con tu belleza despierte. Pero de
repente, con tu corazón tan grande pueda yo enamorarme…
¿”Tú
crees? No valen las palabras cuando el corazón no está dispuesto. No valen las
voluntades cuando solo de promesas baila el sueño. Las intenciones y los hechos
son los que demuestran que la batalla está ganada, cuando la distancia se
acorta con un beso”.
De pronto, la mariposa sonriendo, desplegó
sus alas nuevamente. Presentí en ese momento que seguiríamos hablando pero yo
quedé entonces boquiabierto cuando miro que ella revoloteó largamente por mi jardín e hizo de su vuelo una pirueta. Sabía sin embargo, que ella sí
me había escuchado…
Después de irse, me sentí extraño y pensativo; pero, la
mariposa nunca habló conmigo…
Roque Puell López - Lavalle

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