martes, 11 de mayo de 2021

El silencio


El mundo se estremece y me pregunto por qué, si siempre existió lo mismo. Mi alma es testigo de la vida de los habitantes de otros mundos, de las preñeces de mujeres que llenan la tierra de mi nación, de sus escarpadas montañas y de los refugios del hombre sencillo, sin alimentación. Veo las moradas del que no sabe nada de su destino, el tal que se encuentra sudando y trabajando, tal vez con miedo por las reprimendas de su patrón de turno. Otrora quien fue el guaso, hoy es el jefe indiferente y cretino, como todos los del galpón…

¡Qué belleza es la descripción de las flores y qué de los delirios en las palabras de inspiración! ¡Qué claro entienden las lenguas humanas acerca del hombre que hoy naufraga en las aguas de su propia extinción! Pero se imprimieron interminables copias de lo absurdo en las miles de mentes y sentimientos de aquéllos que nunca lo experimentaron.

Sin embargo, queda en el tintero, la falsedad de la conciencia como si esta fuera cierta a la luz de la vil traición. Buscarán entonces el agua para su molino, llenarán sus tinajas de la mentira y la desazón o lo que piensan ellos mismos, de su propia resignación.

Bruto mató a César y Judas traicionó al Maestro. La historia de siempre, la manía del ser humano que suelta siempre al delincuente y manda al cadalso al más inocente. Pruebas del destino o designios del legislador corrupto que no quiere beber el trago amargo de su esperada prisión. ¡Así es la vida! ¿Cómo será la muerte?

Pero las mentes mundanas no conocen todavía los absolutos de la vida, la verdad y del más allá pero si sabe los relativos de la miseria y de la riqueza robadas en una simple y sencilla decisión. Es que se casa la farsa, la fama y la deslealtad con la virginal inocencia que no conoce la insensatez. No comen juntos el gato y el ratón, tampoco están unidos la buena voluntad y el reconocimiento a Dios. Que si todos descubrieran la verdad, que si todos conocieran la verdadera justicia, se acabaría la conciencia del que se cree incapaz.

Iluso es pensar que viviremos cien años y que veremos pronto los cambios de estas cosas. Una utopía creer que llegaremos todos a buen puerto para no sufrir nunca más. Pero creo con sinceridad, que habrá entonces cielo nuevo y tierra nueva que es la esperanza del sediento, que es el cumplimiento pronto de un mandamiento porque si siguen así los necios, lo único que me queda a mi, es el silencio…

Roque Puell López - Lavalle

 Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=H5eVx5-pC9E

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