Todo cambia para el bien que deseas cumplir sin
demoras y sin premuras si es que tienes coraje para ordenar todas las circunstancias que te rodean.
No por ello quiere decir que los ideales no son los deseados. Si fuera así, se
convertirían en causas inútiles que finalmente, no se podrían cristalizar.
Todo cambia cuando tenemos la voluntad dispuesta siempre y
cuando existan motivos para amar. Pero otros pretenden despreciarlos aunque a
muchos de mis congéneres no les gustará empezar de nuevo aun fuera por su propia
felicidad. ¿Será entonces, que el temor a lo desconocido, siempre los invadirá?
Todo cambia cuando la razón está convencida de que no
hay por qué discutir para llevar la causa al tribunal. Sufriríamos entonces las
consecuencias de nuestra propia decisión y ya no serían válidos los varios reclamos que se hicieron al principio. Pero pienso que no serían tampoco las jugadas que se hicieron al azar...
Todo cambia cuando juzgamos mal y no ponemos en la mesa
las pruebas fehacientes de la verdad. No por mucho que se alegue a la ley, esta podría ponerse de
parte nuestra si no hablamos
con clara sinceridad. Motivo suficiente entonces, para perder el derecho ganado y así sufrir la culpabilidad...
Todo cambia si renovamos la razón de nuestro
entendimiento no dejando que las polillas se coman nuestros valores. Importaría
entonces que el hombre alimente su espíritu y su alma para que de esta forma, cambie su conducta. Así comprendería mejor el mundo que lo rodea desde su nuevo nacimiento...
Todo cambia si nos llenamos de una profunda humildad. Si bien no podría evitarse la desdicha, el correcto comportamiento siempre nos
llevará a estar tranquilos con la conciencia. Así estaríamos satisfechos de haber
cumplido con nosotros y con los demás, pero en aras de haber hecho justicia.
Todo cambia, la vida misma y aun las causas justas cuando se falsean los hechos en todo momento. El acusador aprovechará de esta manera para encarcelarnos y dejarnos sin libertad. Pero pelear por el cambio, será grandioso porque triunfará el que usó bien la razón y la honestidad, no siempre haciéndole caso, a nuestro engañoso corazón...
Roque Puell López - Lavalle

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